Julia no sabia si lo que estaba por hacer era lo correcto. No muchas veces se había detenido a pensar antes de actuar, pero ese día, era diferente porque podía sentir que el gran amor de su vida podía desaparecer si ella no actuaba con rapidez.
Sola en su cuarto, tomo un lápiz y una hoja en blanco y comenzó a escribir: "Mathias, no se si esto esta bien pero no encuentro las palabras, ni el momento para hacerlo frente a frente, es por eso que hoy decidí escribirte esta carta. Siento un poco de vergüenza porque temo que podría parecerte ridículo el hecho de que yo te diga TE AMO. Sucede que quiero terminar con esta angustia que me aprieta la garganta cada vez que observo como te alejas de mi lado; me desespera el hecho de pensar que tal vez no vuelva a verte o que encontres en otros brazos al amor de tu vida. Hoy necesito que sepas que estoy aquí; que mis sueños, mi tiempo (y aunque te parezca exagerado: mi vida) solo tienen que ver con el deseo de estar a tu lado para siempre, no se si a vos te suceda lo mismo y quisiera que de no ser así, no me negaras tu amistad. Voy a esperar ansiosa tus palabras, pero harías pedazos mi corazón si decidieras guardar silencio"
La leyó dos o tres veces antes de firmar con su nombre y guardarla dentro de un sobre , aun después de haberlo hecho seguía con la duda acerca de si debía o no entregarsela. Era demasiado arriesgado, ella sabia que jugaba al todo, o nada.
Alguien toco a la puerta... Si, allí estaba el, como siempre alegre y atrevido, decidido a vivir la vida sin compromisos de ningún tipo. Hablaron de muchas cosas aquella tarde; se rieron juntos, se divirtieron como cada vez que se encontraban.
Al comenzar a anochecer, llego el momento de la despedida. Siempre lo acompañaba hasta la esquina; Julia busco la carta aunque aun no había decidido si se la daría. Muchas cosas los separaban, pero la diferencia mas grande era la edad, ella era unos años mas grande que el, y aunque no eran demasiados, hacían diferencia. Mathias nunca había dicho nada que le hiciera suponer que entre ellos podía haber algo mas que una amistad, pero eso no la detendría.
Al llegar a la ultima casita de la cuadra, después de muchas esquinas, porque era cierto que les costaba despedirse, se la dio no sin antes pedirle que no la leyera hasta que llegara a su casa. El tenia curiosidad y pregunto mas de una vez que es lo que decía la carta, pero como no obtuvo respuesta a eso, prometio no leerla hasta que ella no se hubiese marchado.
Pasaron dos, tres, cuatro días... Una semana, dos y el no apareció. El silencio de Mathias estaba rompiendo el corazón de Julia quien cada tarde esperaba con ansias que el golpeara a su puerta, aunque eso no pasaba.
Después de casi un mes, volvieron a encontrarse, el actuó como si nada hubiese sucedido y explico con tontas excusas su desaparición, pero casi al terminar la tarde, la invito a pasear por el parque. Solo se miraron durante varios minutos, el paisaje que los rodeaba era precioso y el silencio que los envolvía era el mas acogedor; entonces el pregunto: - Crees que va a funcionar?
Julia sintió que el corazón le iba a estallar antes de hablar diciendo: -Podemos intentar- y un beso de amor sello aquel comienzo de sus historias que en ese momento dejaban de ser dos.
Varios años pasaron; siempre juntos compartiendo alegrías, tristezas, hijos, obligaciones, decepciones, encuentros; en fin, todo lo que la vida se encarga de hacer junto con el tiempo. Ultimamente hacia varios meses que habían dejado de hablarse, tantos años recorriendo juntos el mismo camino, no habían alcanzado para lograr que su amor fuera eterno y curiosamente en una tarde, Julia llego a su casa cansada de aceptar lo que ya no quería, de esperar lo que nunca iba a poder ser. Ya ni siquiera eran amigos, aunque aun vivían juntos.
Ella se encerró en su habitación, sola, con el peso de los años y los recuerdos y la esperanza convertida en frustración; tomo un lápiz y una hoja en blanco y comenzó a escribir:
"Mathias, tal vez hasta te parezca gracioso que aun hoy, no encuentre las palabras en mi boca, ni el momento para hablarte frente a frente. Claro... Ya no tengo vergüenza, y la ansiedad que me oprimía el corazón hace veinte años atrás, se ha convertido en angustia y tristeza. Ya no puedo decirte que te amo y no quiero seguir con estos sentimientos que me aprietan la garganta cada vez que me permito ver como las obligaciones, las presiones, las necesidades y la falta de responsabilidad han hecho que me aleje de tu lado. Aun tengo deseos de llorar cuando pienso en que puedo no volver a verte aunque no me desespera el hecho de que probablemente vayas a encontrar al amor en otra parte.
Hoy quiero que sepas que siempre he estado aquí, pero que mis sueños, y mi vida ya no dependen de que estés o no a mi lado. No tengo idea si a vos te pasa lo mismo, hace tanto que no hablamos ! Ya no quiero esperar mas ni quiero guardar mas silencio, aceptando lo poco que podes ofrecerme.
Se que puedo seguir aunque ya no estés y aprendí que las diferencias que habían entre nosotros y a las que aquella tarde decidimos no darles importancia, hoy han logrado separarnos. A veces quisiera retroceder el tiempo y no haberte entregado nunca aquella primera carta; éramos jóvenes y en aquel momento yo creía en el amor eterno. Me equivoque, de verdad lo lamento."
Esta vez Julia no volvió a leer la carta, solo la guardo dentro de un sobre. Mathias estaba sentado frente a su computadora, embriagado con su mundo y sus ojos esta vez no se encontraron, solo coloco la carta sobre la mesa, camino hacia la entrada y sin mirar hacia atrás, cerro la puerta despacio.
FIN
ELIZA.